Dr. Jesús Rocca Nación
"En perspectiva global, la situación de la endocrinología ha mejorado en los últimos diez años"
A pesar de que existe una brecha entre la cantidad de especialistas en regiones y la capital, el panorama de la endocrinología se ha ido equiparando y cada vez hay más especialistas y tecnología para abordar el diagnóstico.
La endocrinología es la especialidad médica que estudia las hormonas y el sistema endocrino, un conjunto de glándulas como el hipotálamo, la hipófisis, la tiroides y las suprarrenales, cuyas secreciones influyen en el crecimiento, el metabolismo, la reproducción y la homeostasis; se trata de mensajeros químicos que intervienen en funciones cotidianas como la temperatura corporal, el sueño, el estado de ánimo o la respuesta al estrés. Su aporte resulta decisivo frente a algunas de las enfermedades crónicas de mayor impacto sanitario: según la Organización Mundial de la Salud, las personas con diabetes pasaron de 200 millones en 1990 a 830 millones en 2022, y en 2022 la prevalencia entre mayores de 18 años alcanzó el 14%, el doble que en 1990, con más de la mitad de los afectados sin tratamiento.
En esta entrevista, el presidente de la Sociedad Peruana de Endocrinología, el doctor Jesús Rocca, repasa el estado actual de la especialidad en el país, las patologías de mayor prevalencia —diabetes, obesidad y enfermedades tiroideas—, las brechas de acceso tecnológico que persisten en el interior y los ejes de su gestión: descentralización de los congresos médicos, fomento de la investigación, fortalecimiento de las filiales regionales y modernización institucional. El especialista reflexiona además sobre el rol de la inteligencia artificial en la práctica clínica y reivindica la importancia de la semiología frente a la creciente dependencia de los exámenes de laboratorio.
¿Cuál es el estado actual de la endocrinología en el Perú?
Cada vez más escuelas y universidades están preparando residentes en esta especialidad. Antes solo contábamos con tres universidades en Lima —entre ellas Cayetano Heredia y San Marcos—, pero ahora también las hay en provincias, en las principales ciudades del país. Por eso, en estos últimos años ha aumentado la cantidad de endocrinólogos y, en consecuencia, también se ha incrementado su presencia fuera de Lima.
De todas maneras, Lima concentra cerca del 65%, es decir, dos terceras partes de los endocrinólogos del país están ahí. Sin embargo, en los últimos años hemos visto, sorprendentemente, que hay especialistas en la selva y en ciudades que no son tan conocidas o turísticas.
A diferencia de hace veinte años, los médicos actuales ya consideran la endocrinología como una opción real dentro de su formación. Antes se privilegiaban las especialidades quirúrgicas y la cardiología, y la endocrinología era vista casi como una rareza, asociada únicamente al manejo de hormonas —diabetes y tiroides— sin mayor desarrollo. Hoy, con el incremento de la patología asociada a la obesidad y la diabetes, y con el avance de las enfermedades tiroideas, hay más profesionales interesados en esta carrera y, por lo tanto, más competencia. A esto se suma la aparición de nuevos fármacos, lo que ha impulsado un mayor número de actividades de educación médica, con el respaldo de la industria en congresos y cursos.
Hablaba de estas enfermedades, ¿cuáles son las de mayor prevalencia?
Debemos reconocer que, tanto en la práctica hospitalaria como en la privada, entre el 60% y el 65% de los pacientes presenta algún grado de disglicemia: diabetes o prediabetes. La obesidad es también, en la actualidad, una causa frecuente de consulta, ya sea de forma aislada o con comorbilidades asociadas. En tercer lugar están las enfermedades tiroideas, que abarcan desde los nódulos tiroideos hasta el hipotiroidismo, el hipertiroidismo y los cánceres de tiroides, cuya prevalencia ha aumentado no solo en el Perú, sino en todo el mundo.
A esto se suma una miscelánea de patologías igualmente relevantes, como las dislipidemias —colesterol y triglicéridos altos— y, con menor frecuencia, patologías suprarrenales, gonadales e hipofisarias. Cabe destacar también el crecimiento de la endocrinología pediátrica, especialidad cada vez más consolidada en el Perú y atendida por pediatras formados en endocrinología.
¿Qué diferencias existen en el acceso al diagnóstico y al tratamiento entre Lima y las regiones? ¿Sigue habiendo una brecha importante o la situación se ha equilibrado?
Siempre existe un déficit de tecnología fuera de Lima, principalmente en las ciudades consideradas menos prioritarias. Las de mayor prioridad, según el orden que establece el Ministerio, son Arequipa, Piura, Trujillo y Chiclayo; pero fuera de ellas persiste un déficit en la disponibilidad de hormonas y de exámenes importantes. Lamentablemente, la endocrinología requiere un fuerte respaldo tecnológico: el dosaje de hormonas, de glucosa y de lípidos.
Aun así, en perspectiva global, la situación ha mejorado con respecto a los últimos diez o veinte años. Antes no contábamos con estas herramientas. Cuando yo hacía la residencia, la endocrinología tenía una parte casi romántica: imaginábamos qué hormona podía estar alterada, sin poder confirmarlo. Hoy lo vemos de forma objetiva, porque contamos con los exámenes necesarios. Esto tiene también su contraparte, porque las generaciones actuales a veces se apoyan demasiado en la tecnología y dejan de lado la semiología y el criterio clínico. Antes nosotros palpábamos la tiroides y, de acuerdo con sus características, formulábamos un diagnóstico; las hormonas servían para confirmar lo que ya sospechábamos. Ahora el proceso suele ser el inverso.
Son cambios propios de las nuevas generaciones, pero por eso realizamos constantemente actividades científicas en esta área. En los congresos que organizamos discutimos casos clínicos y organizamos "gran rounds", donde se debaten posturas contrarias sobre un mismo caso, de modo que, al final, todos —ponentes, audiencia y pacientes— salen beneficiados.
¿Cómo llegó a asumir la presidencia de la Sociedad de Endocrinología?
Formé parte de juntas directivas anteriores y tuve la fortuna de trabajar junto a presidentes muy competentes e importantes en el medio endocrinológico peruano. Llegado cierto momento, consideré que era momento de asumir esa responsabilidad. Junto con la junta directiva actual, estamos haciendo algo que antes no se hacía: clásicamente organizábamos un único evento al año en Lima, pero siempre existía el reclamo de los colegas de provincias —de la selva, de la sierra— que no podían viajar a la capital.
Antes esperábamos que los médicos vinieran a Lima a capacitarse. Desde el año pasado hicimos lo contrario: fuimos hacia ellos. La Sociedad Peruana de Endocrinología realizó el año pasado tres congresos: uno en Lima, otro en el norte (Piura) y otro en el sur (Arequipa). Este año lo hicimos en Cusco, y el mes pasado en Tarapoto, algo inédito: la primera vez que se realiza un curso importante de endocrinología en la selva peruana, con la participación de dos médicos extranjeros.
¿La sociedad ha implementado también educación médica continua?
Sí, es uno de nuestros objetivos principales. Estos eventos son presenciales, pero también los transmitimos de forma virtual para los médicos que no pueden asistir en persona. Por ejemplo, el evento de Cusco, en abril, se transmitió a todas las ciudades fuera de Cusco y Lima; el de Tarapoto, el mes pasado, se transmitió a la capital y a otras provincias. Buscamos que la mayor cantidad posible de endocrinólogos pueda aprovechar estos espacios de capacitación.
¿Cuáles son los principales objetivos y ejes de trabajo de su gestión como presidente?
La capacitación médica continua es uno de los pilares más importantes. Otro es la unificación entre los endocrinólogos. Cuando asumí la gestión, la sociedad contaba con poco más de 300 o 350 miembros, pero había entre 100 y 150 endocrinólogos que no formaban parte de ella, porque no veían un beneficio claro en afiliarse: debían pagar una membresía anual sin percibir a cambio un aporte concreto. Al acercarnos a las provincias y darles mayor protagonismo, muchos de ellos se han inscrito, y la brecha entre médicos asociados y no asociados ha disminuido, aunque todavía es importante. Confiamos en que seguirá reduciéndose.
Otro objetivo es fomentar la investigación a nivel nacional. En el Congreso Internacional de este año se otorgará un premio a la investigación en tres áreas: diabetes, enfermedades tiroideas y obesidad y otras patologías. Es un premio económico que, además, le dará al investigador un espacio para exponer su trabajo dentro del congreso.
También hemos impulsado la creación de filiales regionales. En el congreso de Cusco, en abril, se inauguró la filial de esa ciudad, y actualmente existen filiales en Piura, Chiclayo y Arequipa. Próximamente se prevé inaugurar una en Trujillo.
Otro objetivo de esta gestión fue modernizar nuestra página web, que llevaba mucho tiempo sin actualizarse. Contratamos a un especialista para renovarla y ponerla al nivel de las páginas web modernas, de modo que los médicos puedan acceder a las mejores exposiciones de los congresos y a información relevante de la especialidad. Además, abrimos cuentas de Facebook e Instagram de la sociedad. Todo esto forma parte de las mejoras que buscamos y que estamos logrando de a poco.
¿Qué balance espera dejar al concluir su gestión?
Creo que algo importante que hemos logrado es aumentar la cantidad de eventos a nivel nacional: la descentralización de la capacitación médica, no con eventos aislados y pequeños, sino con eventos grandes. Espero que esto continúe y se incremente. A futuro, imagino que la educación médica no se limitará a congresos de endocrinología general, sino que habrá congresos específicos de diabetes, de enfermedades tiroideas, de obesidad o del síndrome cardiorrenal metabólico, tanto en Lima como en provincias.
Espero que la junta directiva que me suceda continúe este camino y lo mejore. Es posible que hayamos cometido algunos errores involuntarios, pero eso también nos sirve para seguir mejorando. Ese esfuerzo debe sostenerse. Y, por supuesto, espero que la mejora de la página web continúe: en el futuro, más laboratorios podrían sumarse como aliados en materia de educación médica, en convenio con la Sociedad Peruana de Endocrinología. Con el tiempo, la brecha entre los endocrinólogos que pertenecen a la sociedad y los que no, seguirá reduciéndose. Creo que el balance, aunque el año todavía no termina, va a ser positivo: veo a los jóvenes y a los endocrinólogos de provincias contentos, y eso es un aliciente para seguir mejorando.
¿Cómo ve usted el desarrollo de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, considerando la importancia que usted le da a la semiología?
Nunca debemos perder de vista la parte clínica. La endocrinología es una de las especialidades donde la semiología y la clínica son sumamente importantes, y eso es algo que siempre tratamos de promover en nuestras actividades. Por eso hemos incluido casos clínicos y "gran rounds" en los congresos que hemos realizado en provincias, donde se debaten posturas de tratamiento —quirúrgico o no quirúrgico, por ejemplo— y cada especialista defiende su posición con base en su experiencia y en la evidencia publicada. Al final, gana la audiencia, ganamos todos y, sobre todo, gana el paciente, porque se fortalece nuestra capacidad crítica.
Es lamentable que las últimas generaciones de médicos no le den la importancia debida a la semiología y a la clínica médica. Es cierto que la tecnología, incluida la inteligencia artificial, ayuda en la toma de decisiones, pero el endocrinólogo debe mantener su capacidad crítica y usar todos sus sentidos para llegar a un diagnóstico. Los exámenes de laboratorio son importantes, pero siempre deben ser secundarios y apoyar un diagnóstico clínico previo. Primero, una historia clínica bien hecha, una buena conversación con el paciente, un análisis adecuado que permita identificar un síndrome y plantear un diagnóstico clínico, y solo después solicitar los exámenes auxiliares necesarios, no una gran cantidad de pruebas, sino las verdaderamente indispensables. Esperamos que las nuevas generaciones adopten cada vez más esta forma de trabajo.
¿Qué mensaje le dejaría a sus colegas endocrinólogos?
A los médicos endocrinólogos les pido que apoyen siempre a su sociedad y que se sientan orgullosos de pertenecer a ella. Todos, en algún momento, tendrán la oportunidad de ser expositores o moderadores en algún evento. A quienes todavía no forman parte de la sociedad, los invito a sumarse, porque estos encuentros son momentos en los que nos reunimos e intercambiamos ideas con grandes maestros de la endocrinología. Esos intercambios son inolvidables y contribuyen a fortalecer nuestro conocimiento colectivo de la especialidad.
Por Carolina Julio