Dr. Mario de la Torre Estremadoyro
“Los médicos no tratamos enfermedades, tratamos enfermos, que es algo muy diferente”
De la Torre ha recorrido un exitoso camino académico, con becas en el extranjero y diversos reconocimientos. Proviene de una familia de médicos, por lo que colecciona muchas experiencias e instrumentos antiguos. Hoy dirige el centro de diagnóstico oftalmológico DLT y es secretario de la sociedad mundial de ecografía ocular.
Desde muy pequeño, el doctor Mario Danilo de la Torre Estremadoyro desarrolló un apasionamiento por la medicina, que le viene de familia. Su padre, el doctor Danilo de la Torre Belaunde, fue uno de los fundadores de la sociedad peruana de oftalmología. En cuanto a su abuelo paterno, Benjamín, también se desenvolvió como un carismático médico general, que en épocas antiguas, curaba de todo un poco. Comenta que su padre tenía un consultorio en la parte antigua de Lima, conocida como Barrios Altos, durante la década del setenta. Allí, donde vivió cuando era niño, se fue encariñando con los instrumentos que su abuelo y su padre descartaban. Entre ellos, coleccionaba objetos que le parecían graciosos, como vasitos para limpiar el ojo. Hasta el día de hoy, guarda un tonómetro del año 1910, una cámara retinal y un oftalmoscopio (que se usaba con lámpara, vela o luz), entre tantos otros instrumentos antiguos. Muchos de ellos, pueden apreciarse al ingresar a su consultorio, como si se tratara de un museo de la oftálmica.
- ¿Cuándo se dio cuenta que tenía la vocación de ser médico?
Desde muy pequeño, siempre quise ser médico. Nosotros somos seis hermanos, pero nadie de la casa quiso estudiar medicina, excepto yo. Cuando estaba en el colegio, me gustaba acompañar a mi papá al consultorio, para ayudarlo. Mi primera función era agarrarle el mechero para que haga el cauterio, así se hacía en esa época. Cuando entré a la facultad, y ya estudiaba medicina, ingresaba a la sala de operaciones para levantarle el punto de la córnea. Creo que la mayoría de médicos saben que van a ser médicos desde niños. En mi caso, fue desde muy chico, porque mi padre era médico, porque mi abuelo era médico, y porque mi familia estaba alrededor de todo eso. La gran ventaja, es que vi con ojos de niño lo que después haría con ojos de grande.
- ¿Cuál es su formación académica?
Estudié en el colegio San Agustín, desde transición hasta quinto de media. Terminé el colegio en el año 76, y en el 77, me presenté a San Marcos. Entré a San Marcos para estudiar medicina y terminé en el 86, porque en esa época la carrera duraba alrededor de diez años. Hice mi servicio rural, y al finalizarlo, me presenté a Cayetano. En el 87, entré a la residencia en el Loayza y salí en el 90. Entonces, viajé a la Universidad de Duke, en Estados Unidos, para un fellow corto de glaucoma. Al terminar, gané una beca en el D.A.D., que es el sistema académico de intercambio alemán. La hice en Alemania, que era por un año, pero mi profesor me ofreció que me quedara para hacer el doctorado. Entonces me quedé tres años más, y tuve la suerte de salir del doctorado con magna cum laude. Luego, regresé al país, pero mi padre ya había fallecido. Desgraciadamente, falleció cuando yo empezaba el doctorado. Tuve la opción de regresarme o quedarme, pero me quedé haciendo el doctorado, porque pensé que él hubiera querido eso. Al regresar, tuve que comenzar de nuevo, con todas las cosas que tenía, heredadas de mi padre. Graciosamente, lo único que uso ahora en mi consultorio, de esa época, es una caja de lunas del año 1920. Para mí, son las mejores lunas que hay, pertenecían a mi padre y son de origen francés. Al volver a Lima, entré a la Universidad de San Marcos como profesor auxiliar. Ahora, soy profesor asociado y encargado de la cátedra de pre-grado. También soy secretario de la sociedad mundial de ecografía ocular, hace poco tuvimos un congreso en Lima.
- Háblenos sus principales logros y satisfacciones como oftalmólogo
Primero, la satisfacción de trabajar en algo que me gusta, debe ser bien difícil trabajar en algo que no te gusta. Esa es la mayor satisfacción que tengo, gozar todos los días que vengo al consultorio. Entre otras satisfacciones, el hacer el camino de la oftalmología, primero como médico residente en el Loayza, viajar a Duke, hacer el doctorado en Alemania. También el haber regresado al Perú. Mi sueño era armar algo con mi padre, pero no se pudo porque falleció de un infarto cuando yo estaba en Alemania. Entonces, tuve que hacerme solo para salir adelante como oftalmólogo.
- ¿Cómo ve la evolución en la tecnología oftalmológica?
No solamente la veo, la he vivido. Con mi padre, empecé con intracapsulares, o sea, cirugías donde se sacaba el cristalino completo. Al entrar a la residencia, en cambio, las cirugías eran las extracapsulares. Luego, se hacía una pequeña incisión. En mi etapa en Alemania, vi cómo se hacía el faco, aprendí a hacerlo y lo apliqué en el Perú. Del faco, ahora me ha tocado ver el fento. O sea, he atravesado por un montón de cambios, que siempre se dice que serán el último paso, pero siempre existe un paso más. Creo que en el Perú estamos a la vanguardia de la tecnología, hemos ido haciendo lo mismo que se hace en otros países. Lo malo es que así como hay oftalmología del primer mundo, también hay oftalmología de tercera. Pero cuando he viajado, junto a otros oftalmólogos peruanos, nunca hemos desentonado en el extranjero, los peruanos siempre hemos tenido el nivel adecuado.
- ¿Y cuáles son las patologías oftalmológicas más recurrentes en el Perú?
De lejos, la menos diagnosticada y la más frecuente es el ojo seco, lo tiene la gran mayoría de la gente, pero creen que es conjuntivitis u otra cosa. Se podría decir que está sub-diagnosticada. El vicio de refracción no es considerado una patología, pero también abarca un espacio grande. La catarata es muy importante, porque a pesar de que es tratable, sigue siendo la primera causa de ceguera en el Perú. El glaucoma también es importante, pero no tiene tanta frecuente. También existen otras patologías degenerativas, como la degeneración ocular relacionada a la edad, las enfermedades retinianas, etc. En oftalmología hay ciclos, un ciclo fue la catarata, otro ciclo fue el glaucoma. Después, vino la guerra de la retina, la degeneración. Aún no vislumbro cuál será el próximo ciclo, quizás, alguno se vuelva a repetir.
- ¿De qué manera vislumbra el futuro de la oftalmología en el Perú?
Dos vertientes: una brillante, porque siguen existiendo buenos lugares de formación, y una con bastantes problemas, porque cada vez hay menos jóvenes que quieran estudiar medicina. Los chicos de hoy en día quieren hacer menos cosas largas o comprometedoras, entonces los talentos se están perdiendo, porque se van a otras ramas. Quieren hacer una carrera que sea más rápida y más fácil. Ninguno de mis hijos quiso estudiar medicina, porque se estudia mucho y se termina tarde. Se vislumbra perfecto en el primer sentido, pero me da miedo que los que serían potenciales talentos, no quieran ser médicos en esta época.
- Y el mensaje humano que hay que entregarle a esa nueva generación…
Cuando era joven, un día le pregunté a mi padre qué tipo de médico debería ser. Me miró y respondió lo siguiente: “Imagínate que estás en una emergencia, que tienes un problema y estás perdido. No eres médico y no tienes idea de nada del asunto, pero te sientes muy angustiado. ¿Qué tipo de médico quisieras que te atienda en ese momento? Alguien que te escuche, alguien que te converse, que te dé soluciones. Y si no las tiene, que te ayude a encontrarlas. Que te trate como ser humano y que se ponga en tus zapatos. Los médicos no tratamos enfermedades, tratamos enfermos, que es algo muy diferente”. Yo creo que esa es la mayor lección que me dio mi padre. Conozco un montón de genios que no tienen buen trato, y los pacientes no se sienten bien. Asimismo, conozco doctores que no tienen tanta ciencia, pero que tienen mucho carisma, mucho ángel y eso ayuda a sus pacientes. Los médicos no curamos, salvo los cirujanos. En realidad, nosotros ayudamos a que el cuerpo cure. Eso lo aprendí de mi viejo.