Señales de alerta súbitas de un ACV
Ciertos factores de riesgo pueden aumentar su riesgo, entre ellos la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad, el colesterol elevado, el sedentarismo y la fibrilación auricular.
El accidente cerebrovascular (ACV) se produce por la interrupción del flujo sanguíneo cerebral, ya sea por la oclusión de una arteria (ACV isquémico) o por la rotura de un vaso con sangrado intracraneal (ACV hemorrágico). Según los especialistas de Mayo Clinic, ambos subtipos constituyen una emergencia médica que requiere evaluación inmediata, dado que la instauración precoz del tratamiento mejora significativamente el pronóstico funcional y reduce la discapacidad a largo plazo.
El ACV figura entre las principales causas de discapacidad grave y de mortalidad. La identificación temprana de los síntomas y la consulta inmediata en un servicio de urgencias se asocian con mejores resultados clínicos. De acuerdo con los expertos de Mayo Clinic, el conocimiento de las señales de alerta y una respuesta oportuna permiten preservar la función cerebral y salvar vidas.
El cuadro se caracteriza por un inicio súbito. Las manifestaciones más frecuentes incluyen asimetría facial, paresia o hipoestesia de una extremidad superior o inferior, disartria, alteraciones en la expresión o la comprensión del lenguaje, trastornos visuales, mareo y pérdida del equilibrio.
Para facilitar su reconocimiento, los expertos de Mayo Clinic recomiendan la regla mnemotécnica BE FAST (por sus siglas en inglés):
• Equilibrio (Balance): pérdida súbita del equilibrio o de la coordinación.
• Ojos (Eyes): alteración o pérdida súbita de la visión, unilateral o bilateral.
• Cara (Face): asimetría o entumecimiento de una hemicara.
• Brazo (Arm): debilidad o entumecimiento súbito de una extremidad superior.
• Habla (Speech): dificultad para articular o comprender el lenguaje.
• Tiempo (Time): la atención médica inmediata es determinante.
El objetivo del tratamiento en fase aguda es restablecer la perfusión cerebral y limitar la extensión del daño neurológico permanente. Los especialistas de Mayo Clinic subrayan que la evaluación de urgencia debe iniciarse en cuanto aparecen los síntomas, sin esperar a su progresión o resolución.
En el ACV isquémico de origen trombótico o embólico, las opciones terapéuticas incluyen la trombólisis farmacológica, orientada a disolver el coágulo, y los procedimientos mínimamente invasivos de trombectomía mecánica, que permiten extraerlo y recanalizar los vasos cerebrales ocluidos.
En el ACV hemorrágico, secundario a un sangrado intracerebral, el manejo se centra en el control de la presión arterial, la reversión del efecto anticoagulante cuando corresponde y, en casos seleccionados, la descompresión quirúrgica para reducir la presión intracraneal.
Las medidas recomendadas incluyen controles médicos periódicos, actividad física regular y hábitos alimentarios saludables.
Fuente: Mayo Clinic